
Hace casi 3 semanas, fui a Bélgica a visitar a una amiga que hacía un año que no veía. Se llama Paula, y vive con su marido en una casa con jardín delantero y trasero, dos plantas y una situación económica nada afectada por la crisis. Viven en Brasschaat, una villa a las afueras de Amberes. Como tal, no alberga grandes monumentos ni paisajes esplendorosos, pero sí unos parques y jardines dignos de admirar. Históricamente, destaca su posición geográfica en la defensa del puerto de Amberes durante la 1ª Guerra Mundial.
Guido se hizo 5 horas de carretera (ida y vuelta) para recogerme en el aeropuerto. En un monovolumen que te cagas.
Yo ya había ido con Paula a otros sitios: Gante, Barcelona y París. Ahora tocaba su territorio.
Paula sabía que el pueblo no iba a dar mucho de sí, así que después de pasar la primera tarde paseando bajo la llovizna belga, me llevó a sitios más interesantes.... Como, por ejemplo, l aestación de trenes de Amberes.

Guido, su marido, no vino con nosotras. Es guía profesional, y aunque se prestó a hacernos una ruta guiada, su mujer se lo impidió. "Only girls", dijo. Llevaba mucho tiempo esperando mi visita y no admitía a nadie más para mostrarme los sitios que tan bien conocía. "Moreover, he gets tired very easily. His knees hurt, and he can't walk as fast as we do". O sea, que a cocinar to el día pa nosotras. ;)
Nos pateamos todo Amberes, y me sorprendió la cantidad de esculturas que había de la Virgen María con el Niño... Y no sólo esculturas, sino parroquias dedicadas a ella...

Pues bueno, ¡resulta que soy la patrona de Amberes! (¡Y yo sin saberlo!) El estilo de las casas, sin embargo, está dejando de parecerse a las típicas de Amsterdam, Gante, Brujas.... para ser más "modernas", más a la europea, edificios grises de formas redondeadas. Sin personalidad. Aún así, encontramos algunas...

Visitamos el Rubenhuis (la casa de Rubens), un palacio del siglo XVII que mucho me temo que tiene ya poco de original. No obstante, se muestra parte de su trabajo, así como la habitación que le servía de estudio y donde llegó a albergar hasta 2000 cuadros. No se podían hacer fotos, una lástima...
Después de esta visita, fuimos a varios museos, que no resultaron ser otra cosa que colecciones de ricos de aquella época, sobre todo cuadros flamencos y muebles antiquísimos.
El único lugar donde se podían hacer fotos era la catedral. En ella también encontramos una exposición de cuadros, unos muy famosos de Rubens que me gustaron bastante... (Éste, la ascensión en la cruz)

Paula no me dejó pagar absolutamente NADA, fue un fin de semana de relax y disfrute total. Así fue como me vi en una pastelería comiendo un waffle (gofre) encima de una servilleta con la cara de Rubens. Marketing puro y duro.


Paula me llevó a ver el castillo medieval de Amberes, aunque sólo por fuera.

El resto de visitas fueron familiares, y en la primera de ellas me vi en medio de una cena familiar para celebrar que la nieta se graduaba en márketing y negocios. A su derecha, ella quiso que se sentara su madre. A su izquierda, su padre. Y enfrente de ambos, sus nuevas parejas. Una situación surrealista donde las haya (¿pero dónde me he metido?). La cena, exquisita (ya he comentado lo del nivel económico, ¿verdad?), mejor que en una boda, vaya, y salpicada de nombres de ciudades turísticas que habían visitado unos y otros. La nuera de Paula había estado en Girona, pero prefería viajar, cada año, a Nueva York. "Era su segunda casa". Ah, y esquiar en Suiza. Como los reyes.
Su nuevo marido acababa de heredar una fortuna de su madre, una cantante de ópera muy famosa, y se habían comprado un bloque de pisos entero para alquilar. Ole la crisis.
La segunda fue en casa de su otro hijo, una mansión, para mí. Tres plantas, piscina interior climatizada a 28ºC (para que jueguen los 3 niños), chimenea que calienta el salón y la terraza a la vez, hiperplasma, jardín donde se puede jugar al tenis... No tengo fotos porque me quedé demasiado bloqueada...Sobre todo cuando se disculpó al enseñar una habitación medio en obras...."Aquí queremos poner una pequeña sauna, ¡si Dios quiere!" Por favor, ...¡casi me quedo muerta allí mismo!
En resumen, el fin de semana fue de lujo. Nunca mejor dicho. Antes de irme, les pedí que me dejaran echarles una foto.

Paula tiene 83 años. Y Guido, 86. ¿Que cómo nos conocimos? Muy fácil

"El pequeño país". 15 de octubre de 1995. Antes de venirme, Guido quiso que me trajera una de mis primeras cartas que le escribí a Paula. Me dijo que a ellos como mucho les quedaban 4 o 5 años de vida, y a mí 40 o 50, y seguro que me gustaría guardarlo.
GRACIAS.