lunes, 1 de noviembre de 2010

Minorías

Háblame a los ojos es un libro a modo de autobiografía, escrito por Pepita Cedillo, una mujer sorda (que no sordomuda, una de sus reivindicaciones) que explica sus vivencias y acerca un poco al lector el desconocido mundo de los sordos.
A mí, desde luego, me ha descubierto varios interrogantes que jamás se me habían ocurrido: ¿es mejor que los niños sordos aprendan lengua de signos o se dediquen exclusivamente a reforzar su conocimiento de la lengua oral? ¿Es tan grande la barrera lingüística de los niños que son obligados a aprender la lengua oral en colegios de oyentes como para hacerlos unos adultos desinformados?
¿Por qué algunos padres se resisten a adoptar los medios tecnológicos actuales para permitirles una mayor independencia? ¿Qué alternativas tiene el colectivo sordo al intérprete que les permita tener mayor intimidad en sus relaciones con las instituciones y con otros oyentes?
¿Deberían adaptarse a la mayoría y esforzarse en aprender la lectura labial o es la mayoría quien debe integrar la lengua de signos como un idioma más?
Una de sus reivindicaciones que más llama la atención es la de tachar el término "sordomudo" del diccionario, cambiándolo por la palabra "sordo", ya que ellos tienen voz, y la transmiten mediante la Lengua de Signos Catalana. Para captarla, (dice dirigiéndose a los oyentes), hay que aprender a escuchar, en lugar de oir.

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