La semana pasada, rebuscando algo interesante que ver entre las estanterías del videoclub, Carlos encontró esta película. De inmediato me acordé de mis intentos fallidos a la hora de leer el libro en el que está basada la película, "The last king of Scotland"(by Giles Foden). Lo había dejado por imposible: el comienzo no me había llamado en absoluto. sábado, 30 de octubre de 2010
La gran pantalla
La semana pasada, rebuscando algo interesante que ver entre las estanterías del videoclub, Carlos encontró esta película. De inmediato me acordé de mis intentos fallidos a la hora de leer el libro en el que está basada la película, "The last king of Scotland"(by Giles Foden). Lo había dejado por imposible: el comienzo no me había llamado en absoluto. lunes, 25 de octubre de 2010
Mal de altura

sábado, 23 de octubre de 2010
jueves, 14 de octubre de 2010
Había una vez...
Guido se hizo 5 horas de carretera (ida y vuelta) para recogerme en el aeropuerto. En un monovolumen que te cagas.
Nos pateamos todo Amberes, y me sorprendió la cantidad de esculturas que había de la Virgen María con el Niño... Y no sólo esculturas, sino parroquias dedicadas a ella...
El resto de visitas fueron familiares, y en la primera de ellas me vi en medio de una cena familiar para celebrar que la nieta se graduaba en márketing y negocios. A su derecha, ella quiso que se sentara su madre. A su izquierda, su padre. Y enfrente de ambos, sus nuevas parejas. Una situación surrealista donde las haya (¿pero dónde me he metido?). La cena, exquisita (ya he comentado lo del nivel económico, ¿verdad?), mejor que en una boda, vaya, y salpicada de nombres de ciudades turísticas que habían visitado unos y otros. La nuera de Paula había estado en Girona, pero prefería viajar, cada año, a Nueva York. "Era su segunda casa". Ah, y esquiar en Suiza. Como los reyes.
Su nuevo marido acababa de heredar una fortuna de su madre, una cantante de ópera muy famosa, y se habían comprado un bloque de pisos entero para alquilar. Ole la crisis.
La segunda fue en casa de su otro hijo, una mansión, para mí. Tres plantas, piscina interior climatizada a 28ºC (para que jueguen los 3 niños), chimenea que calienta el salón y la terraza a la vez, hiperplasma, jardín donde se puede jugar al tenis... No tengo fotos porque me quedé demasiado bloqueada...Sobre todo cuando se disculpó al enseñar una habitación medio en obras...."Aquí queremos poner una pequeña sauna, ¡si Dios quiere!" Por favor, ...¡casi me quedo muerta allí mismo!
En resumen, el fin de semana fue de lujo. Nunca mejor dicho. Antes de irme, les pedí que me dejaran echarles una foto.
Paula tiene 83 años. Y Guido, 86. ¿Que cómo nos conocimos? Muy fácil
"El pequeño país". 15 de octubre de 1995. Antes de venirme, Guido quiso que me trajera una de mis primeras cartas que le escribí a Paula. Me dijo que a ellos como mucho les quedaban 4 o 5 años de vida, y a mí 40 o 50, y seguro que me gustaría guardarlo.GRACIAS.
lunes, 4 de octubre de 2010
De Puerto en Puerto III
Cualquiera que pasara por allí se preguntaría qué estarían mirando con tanta atención dos guiris, uno al lado del otro, concentrados en la zona de la fachada donde sólo se ven ladrillos. Fácil: la guía acababa de explicarles que las dos líneas horizontales esculpidas en la piedra eran la medida unificada del mercado de textiles que se celebraba, en aquel entonces, fuera de la catedral, y que había sido impuesta por el rey.
Se encontraban también allí un barco y una estrella, pero a estas alturas estos datos ya no permanecen en la memoria de nadie. Al igual en la de la guía sí.
Más adelante, haciendo un alto en el camino, pudieron constatar que a los portugueses también les gusta hacer tonterías. Atención, si no, al espontáneo que se coloca delante de la cámara al intentar sacar una foto de una carnicería:
Con gran pena y desazón, dejaron Oporto y se adentraron en la capital: desde luego, el encanto descubierto en Oporto sería insustituible. Carlos y María se sientieron como en Barcelona, pero con otra lengua y otros monumentos diferentes. A destacar el monasterio de los Jerónimos, construido por el rey Manuel I de Portugal (de ahí que los monumentos erigidos durante su mandato sean de estilo "manuelino")
La luz blanquecina y cegadora de Lisboa les descubrió, como en una postal de Cádiz, la Torre de Belem, una de las pocas
domingo, 3 de octubre de 2010
De Puerto a Puerto II
Resultó ser una torre adosada a una iglesia, levantadas en un cerro llamado "cerro dos aforcados", ya que allí se enterraba a los malinos (como dice mi abuela), o a los ajusticiados.
Su altura, de 76 metros, hizo que durante años fuese un referente para los barcos que navegaban por el Duero. Tras consultar a Carlos y María a posteriori, constato que no expresan mucha admiración por este monumento. Seguramente la visita a la Iglesia de San Francisco les impide apreciar los detalles de esta obra, porque tenerlos, los tiene. O eso dicen las guías.
Acto seguido, María, como buena friki de los libros, convenció a Carlos para visitar la librería Lello. Un lugar tumultuoso, lleno de libros y vacío de encanto. En otra época seguro que debió ser un lugar con alma, pero la masiva afluencia turística lo ha ido despojando de ella, cual "Es quatre gats" en Barcelona. Carlos dice que mejor no poner fotos.
El almuerzo del día (en Andalucía se le llama así a la comida fuerte, de las 2 de la tarde en lugar de al desayuno, como se dice en Catalunya) les volvió a sorprender: un plato de "frango" de menú (exquisito) y un plato de bacalao con patatas (naturales, no congeladas), con bebidas y postre, por 17 lerus. María pensó que el pollo estaba incluso mejor que el que cocinaba Carlitos. Pero nunca se atrevió a decirlo en voz alta. Por si las moscas.
Para los lectores viajeros que quieran ver Oporto: la empresa que lleva la ruta se llama Blue Dragon, y aunque en la oficina no tengan ni idea del recorrido que hace, os podéis fiar. Acaba de empezar y aún no tienen mucha publicidad.
Respecto a sitios bonitos que visitaron, reseñar la Iglesia y Convento de Santa Clara, de estilo manuelino. Carlos se enteró súper bien de toda la explicación, pero María se quedó embobada con la decoración interior y no paró de sacar fotos.
Trotando más que caminando detrás de la guía, Carlos se iba deshidratando lentamente y María no se daba cuenta de las agujetas mortales que se estaban ganando a pulso. Callejearon por el centro histórico, con más de 10 siglos de historia, ya que el terremoto de 1755 no le afectó tanto como a la capital y no tuvieron que reconstruirlo de nuevo.
Cruzaron por el puente de Luís I, que venía a sustituir a uno colgante de cuerdas al cual precedía uno hecho a base de tablas de madera que se apoyaban sobre barcas. En la huída de los portugueses por la persecución francesa, media ciudad intentó huir a través de este puente, que no soportó el peso y se acabó hundiendo, causando una gran tragedia. He aquí la placa que recuerda el hecho: